Y no era un problema aislado, lo hacía, creo involuntariamente, con todo tipo de ritmos y me estaba llegando la exasperación de no poder disfrutarla como antes, ya no me deleitaba con la voz de unos coros potentes sino pasaban desapercibidos hasta que lo notaba justo en el último golpe. Me armé de valor y durante una semana dejé a mis oídos escuchar el mundo cotidiano de la metrópoli, claxons, mentadas, risas, monólogos, confidencias e indiscreciones que nada me importan para regresar mas relajado (o estresado) y abstraerme con nuevos bríos en la psicodélica sonoridad de los Yamaha RH5MA.
Hasta ahora creo que va funcionando pero, ¿por cuánto tiempo? :D
0 comentarios:
Publicar un comentario